miércoles, 1 de octubre de 2014

Las canciones: primera parte

Justicia

Hablar de justicia en un país como Colombia es casi como utilizar un arcaísmo, una palabra en desuso y no precisamente porque no se use, sino porque parece que todos olvidamos su significado.

Corría el segundo periodo académico del 2009 y se comenzó a gestar la idea de hacer cada fin de periodo una tarde cultural, fue ahí donde los rockeros del colegio con el apoyo de algunos profesores, hicieron una nueva aparición en escena, esa tarde a punta de autogestión, cada quien ayudó a conseguir los instrumentos: las guitarras, el bajo, la batería y la amplificación, para lo que sería el primero de muchos toques o conciertos, que se llevarían a cabo en los siguientes tres años en nuestra institución y serian parte del camino de formación o consolidación de algunos proyectos musicales del barrio Aranjuez.

Toque del primer viernes cultural del 2009

Ese primer momento dio lugar a plantear una propuesta más estructurada y se comenzó a plantear la idea de realizar un nuevo “Festival de Bandas” (el primero se hizo en 2008), el cual se llevó a cabo en el mes de octubre durante la Semana Cristobariana; pero de los 3 festivales realizados hablaremos en otras entradas de este blog.

Fue ahí, en el Segundo Festival de Bandas, donde escuche por primera vez un proyecto musical que comenzaba a tomar forma llamado Manipulación Mental y que para ese momento, se identificaba como una banda de anarko punk, al estilo de las bandas de punk propias del movimiento de la década de los años 80´s nacido en Medellín, llamado "Punk Medallo" y que tenía también influencias españolas de bandas como: Eskorbuto, La Polla Records y otras del movimiento musical conocido como "Rock Radical Vasco", muy popular entre los punkeros de la ciudad. 

Justicia es una canción breve, simple pero contundente, con un mensaje claramente nihilista, que desafía el orden social y la autoridad, sea esta civil  o religiosa.  Sin embargo, me sorprendió que esta composición fuera fruto de 3 chicos de 15 y 16 años, quienes a diferencia del resto de los jóvenes de su misma edad y quizás del resto de la sociedad,  se preocupaban por encontrar el verdadero sentido a esta palabra.

Y me cago en la virgen”, ninguna otra frase en la letra de la canción puede herir tantas susceptibilidades como esa.  Pero más allá de las respetables interpretaciones de carácter religioso que puedan hacerse de ella, lo que se pretende desde la canción, es hacer un llamado de atención a la doble moral conservadora de muchos sectores de nuestra sociedad, que a la par censuran y descalifican una frase como esta y son completamente tolerantes a que el símbolo religioso que la virgen representa, sea utilizado por muchos bandidos, que la usan para encomendarse a ella, antes de salir a robar o asesinar, como lo plasmó Manuel Mejía Vallejo en su obra La virgen de los sicarios.


Vídeo de la presentación de Manipulación Mental interpretando Justicia durante el Segundo Festival de Bandas cedido amablemente por Cindy Oliveros

Justicia

Si son tan justos porqué roban
Si son tan justos porqué mienten
Si son tan justos porqué encierran
Y sólo defienden a los burgueses

Piden leyes y no cumplen
No quieren seguir las normas
Si todos somos iguales
Los otros también te mienten

Cómo quisiera cagarme en los cojones del dueño
Que a diario nos exprime y nos hace vivir de sueños
                         
Porque no pasa un milagro
Si es verdad que dios existe
De que mueran los burgueses
Y de cagarme en la virgen

Yo quiero una sociedad
Qué no tenga represión
Qué nadie quiera matarme
Qué sólo exista el alcohol


Presentación de Manipulación Mental interpretando Justicia en Nuestro Bar - Medellín

Próxima entrega: Las canciones: segunda parte


martes, 30 de septiembre de 2014

Tiempo de Rock

Hablar de rock dentro de un colegio en Medellín, a menudo es como hablar del demonio dentro de un convento y más si quien habla del asunto con sus estudiantes es precisamente el profesor. Así comenzó tiempo de rock, hablando con aquellos alumnos que a menudo eran estigmatizados por tener el pelo largo o usar algún arete y que a menudo se tomaban como rebeldes y desadaptados que no respetaban las normas del manual de convivencia de nuestra institución.

De alguna manera fue reencontrarme con migo mismo, con el joven que alguna vez fue tildado de desadaptado por el coordinador de su colegio por idénticas razones, solo que esta vez lo hacía desde la figura de la “autoridad”.

Avanzaba el año 2008 y la tribu urbana de los emos estaba en su apogeo, muchos de ellos desfilaban al interior de mi institución; jóvenes tildados de depresivos, famosos algunos por cortarse la piel con cuchillas de afeitar y sobre todo por ser a menudo victimas del matoneo escolar por parte de sus compañeros, a menudo rockeros, de otras tribus urbanas, especialmente los punkeros y los metaleros.  Este fenómeno no era exclusivo del colegio, en muchas partes de la ciudad se los golpeaba y se les insultaba, especialmente en el parque de los deseos donde se reunían y se les estigmatizaba a la par con los miembros de la comunidad LGTBI que también se reunía allí.  En parte de allí nació la necesidad de hablar de la música rock y de su cultura desde un contexto más académico y educativo.

Mis primeros encuentros con los rockeros del colegio no fueron tampoco los más cordiales, enmarcados en la figura del docente que a todo lugar debe mantener la disciplina, el orden y el buen comportamiento, entendidos como un uniforme impecable, el pelo corto en los hombre o sin un color “antinatural” en las mujeres, libres de piercings, aretes o cualquier otro accesorio, que no fuera diferente a los implementos necesarios para estudiar.  Pero también me permitió  identificarlos y me dio la oportunidad de comenzar a dialogar con ellos.

Esos primeros encuentros se hicieron más frecuentes y ya no fueron las normas rígidas del manual de convivencia y su estricto cumplimiento los temas de las conversaciones, si no la música, un lenguaje más universal y libertario, que le permitía a ellos al igual que a mí, cuando tenía su edad, ver el mundo de una manera diferente a los demás y enfrentar un panorama lleno de las restricciones, a menudo arbitrarias que impone la sociedad y fue a través de la música, de las canciones, de sus propias canciones, que comenzamos a hablar de política, de libertad, de represión, de solidaridad y comenzamos a criticar lo que muchos llamamos realidad.

Y es que muchos de estos jóvenes también estaban comenzando a crear pequeños proyectos musicales, tratando de tocar de manera empírica sus guitarras acústicas o eléctricas, se rotaban el mismo bajo o los platos, el tapete para que no se moviera la batería y los tarros, como ellos definían al bombo o los tambores de las mismas, sin hablar de los platos o platillos rotos y doblados o los amplificadores, que pasaban de una banda a otra para poder tocar alguna melodía.

Pero más allá de las penurias para tocar algo de ruido estaban las letras de las canciones.

En la imagen algunos de los miembros fundadores de tiempo de rock, de izquierda a derecha Nathalie Bustamante (Natha), Jamer Alvarez (q.e.p.d.), Efraín Rodríguez (Ovidio) y Daniel Ocampo (El Pollo)

Próxima entrega las canciones